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• FALL OF LONDON •

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• FALL OF LONDON •

Mensaje por Hermes el Dom 29 Mayo - 19:33



Es lo que cuenta el viejo Cohen. Despierta gritando a medianoche y ataca al que se le acerque, a veces tenemos que sostenerlo y amordazarlo, nos da mucha pena, pero gana ese terror de ser descubierto por cualquiera de ellos... podrían escuchar esos lamentos hasta la superficie. Pobre Cohen, sus ojos todavían se pierden en el terror de esa fatídica noche cada vez que cuenta la historia, dice que Dios lo dejó vivir para contarla... sólo para contarla y eso hace.

Imagina que es una noche cualquiera. Haces cualquier cosa, lo más trivial y cotidiano, quizá sea una noche especial para algunos, pero para la mayoría es el sol ocultándose y el tiempo pasando para dar pie a otro día más. Qué equivocado puede estar uno al asegurarse la vida, la paz es un regalo, es precioso cuando se tiene y por tanto, se olvida.

Los más afortunados murieron por las balas o los bombardeos, el resto... el resto... Dios ¿de dónde salieron? ¿cómo entra un enorme dirigible al cielo británico sin que nadie haga absolutamente nada al respecto? ¿cómo no lo notamos? Lo único de lo que te percatas es que todos están muriendo, absolutamente todos, no perdonan a nadie... mujeres gritando, siendo violadas, devoradas vivas... hombres descuartizados, incluso los niños... esos bebés... la calle estaba llena de carriolas abandonadas, manchoneadas de sangre. Eran nazis, maldito nazis, pero peor que eso, no eran humanos. Su velocidad es increíble, su fuerza... cada uno carga consigo enormes armas que parecen muy pesadas, pero para ellos es fácil moverse corriendo y saltar de techo en techo tras sus presas y sus ojos... eran como... el fuego... como la sangre... sonreían, era horrible, tenían una hilera de dientes amarillentos, manchoneados de sangre, tenían restos humanos en esas sonrisas diabólicas. Sin duda era el Apocalipsis, fue entonces que recé por mis pecados.

Desde esa noche comencé a rezar.

Las calles eran mares de fuego, los cadáveres nos impedían correr y ellos nos alcanzaban con facilidad... no sé a cuantas personas empujé en su camino, en ese momento no hay altruismo, no hay moral, no sabes lo que es el pánico de pensar que morirás de una manera tan horrible, tu mente te traiciona y solamente queda la adrenalina, el ansia de vivir... me antepuse ante mujeres incluso, Dios...

Algunos comenzaron a levantarse. Primero... primero creí - lo sé, es estúpido, pero entonces... - que eran demonios que venían a reclamar mi alma de pecador, los mismos a los que sacrifiqué querrían un pedazo de mi para descansar en paz y por más que les rogué, por más que les pedí su perdón con lágrimas en los ojos, no se detuvieron, no dejaban de querer desgarrarme... era cierto que querían un pedazo de mi, lo querían todo de mi. Un brazo por mi vida, no suena tan mal. No iba a llegar lejos si seguía perdiendo tanta sangre y ellos podían olerla, esos cadáveres magullados, agujerados, mordisqueados la querían, todos clamaban por sangre esa noche, era más valiosa que el oro.

Aunque estaba muriéndome, fatigado, el terror me mantenía en constante movimiento... no podía creer que pasara, mi mente volaba más rápido que mi cuerpo, solamente recuerdo un montón de imágenes... el Big Ben, tenía un gran boquete, estaba hecho pedazos ¿era en verdad él? era difícil pensar que el tiempo siguiera sin su pulso... quizá el tiempo se detuvo en ese infierno y lo hizo eterno, pues así me pareció. La Plaza de Trafalgar... la fuente, estaba llena de cadáveres, borboteando sangre, no estaba lleno de turistas tomándose fotografías... estaban muertos. A veces creo que fueron afortunados ¿por qué tenía tantas ganas de vivir? Seguramente todos estarían muertos... Señor... cuando pienso en Martha... "Claro, cómpralo, te lo pago al regresar..." fue lo último que le dije... ¿estaría viva? Sabía que no, pero rogaba porque hubiera muerto rápido y rogaba por no encontrarla en las calles, caminando como "ellos", los que adoran la sangre.

El puente estaba partido a la mitad... la presa se desbordaba poco a poco, tenía que salir de ahí o la zona se vería inundada en poco tiempo... ¡já! "El puente de Londres va a caer". Me mofé, ya no tenía razón en mi, solamente esa insana manía por sobrevivir. El torniquete me había funcionado, tantos años en la facultad rindieron frutos esa noche, al menos para salvar mi cobarde pellejo en muchas ocasiones.

Estaba lejos cuando voltée, entonces pude ver toda esa oscuridad tragándose la ciudad y pensé que vendría por mi, lo cubrió todo como si le perteneciera y yo... ya no quize correr más. Cuando pensé que el horror terminaría, entonces pude ver como se alzaron mil estacas del piso... no, eran más que mil, pero este siempre es un número impresionante, probablemente eran un millón, cada una empalaba a esos malditos nazis de porquería, como insectos atrapados por palillos. Escuchaba sus gemidos perforarme los oídos, incluso después de cubrirlos... esperaba que una bola de fuego cayera sobre todos y nos matara ¡rayos! ¡LO ANSIABA!

Solamente la oscuridad nos consumió.

Todo terminó, esa noche terminó y yo seguía joven, pensaba que me había vuelto un viejo sobreviviendo a ella, pero no, me volví menos que un hombre. El resto ya lo saben, es historia. Sigo aquí y a veces puedo olerla, y entonces me gana el ansia... me da mucha sed, esa sed... por la sangre.
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