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God's in his heaven... all's right with the world

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God's in his heaven... all's right with the world

Mensaje por Invitado el Mar 31 Mayo - 18:08

"Para encontrar lo que se busca, siempre busca en el centro..."

La oscuridad eran tan presente en ese lugar como en toda Inglaterra, tal vez eso era lo que le daba ese toque tan parecido a su tierra, lo que lo hacia sentirse tan a gusto en esta tierra tan horrible y condenada al olvido completo, eso era lo que lo inspiraba a seguir su trabajo muy a pesar de todo lo que pudiese acontecer a su alrededor, y ¿Que mejor que todo ese numero increíble de Hooligans con los cuales experimentar? en verdad se relamía en su propia crapulencia al imaginar todo lo que se podía hacer con esos humanos tan perdidos. Ahí en ese quirofano improvisado se encontraba Endimion, sus cabellos blancos yacían apacibles ante ambos hombros, mientras la Katana seccionaba con tranquilidad el torso de un hombre de no mas de veinte años, pobre... no había conocido la vida que la muerte ya lo estaba abrazando en un beso eterno y sin regreso, a menos que fueses un vampiro ¿verdad? Pero justamente el no iba a ser quien lo convirtiese en vástago...¿Para que? tranquilamente podría convertirse en uno de sus adorables minions... Los gritos del hombre el al sentir el frío del metal metiéndose por su abdomen, el dolor, todo aquello hacia que gritara como un loco en plena noche; sin embargo ahí estaba el cirujano, completamente estoico... o al menos eso aparentaba, pues en un momento se volvió la mirada al "paciente" e hizo una mueca de desesperación, entonces sin mediar palabra, introdujo su mano en la boca del agonizante y le arrancó la lengua de un tirón, si no con alguna otra parte de su cuerpo. No quería que su minion se muriese tan rápido, así que le hizo el favor que introducirle un pequeño tubo para que aquella cantidad exagerada de sangre fluyera sin problemas.


- Humanos, nunca saben cuando callarse... - dijo en su acento ruso característico.

Cuando dijo esto, sintió detrás suyo una presencia, volvió su mirada lentamente y observo que un maniquí lo estaba observando, seguramente viéndolo como una presa a cazar, un alimento del cual valerse. Endimion no hizo mucho mas al verlo, simplemente movió sus manos como si emulara a un titiritero y pronto varios cuerpos muertos que había alrededor de ese lugar comenzaron a pararse... Pero a todo esto, no habíamos tenido en cuenta un par de factores, Endimion había elegido la barra de un Mc Donalds para operar al improvisado Hooligan, extraerle su sangre, quitarle sus órganos y usar su Nigromancia para agregar otra aberración no-muerta a su lista de pequeñas bestias que usaba para luchar. Volviendo al tema, en ese momento Endimion se dio cuenta que la gran vidriera de Mc Donalds no era un lugar muy astuto para llevar a cabo sus tan entretenidos experimentos, por lo que rápidamente trato de continuar con su "experimento".

Sin éxito, por supuesto.

La palma de sus manos golpearon con fuerza la tabla de la barra, donde el humano ya estaba totalmente cosido de pies a cabeza, mientras el Maniquí y los minions luchaban para establecer un ganador, esto no solo hizo que End perdiera sus estribos, si no que lo hizo quitarse su delantal (pedido prestado a un carnicero de Manchester) e inmediatamente volverse hacia los que se disputaban detrás de el.

Escena: Vidriera de Mc Donalds, movimientos de pelea detrás de los cristales, el brillo de una katana, un par de ojos rojos... y segundos después una mancha de sangre negra casi coagulada contra la vidriera.

La puerta se abrio lentamente, mientras End salia del lugar, con una cajita feliz y un anotador:


- Recordatorio: buscar lugares menos públicos ~~-

Dicho esto comenzó a observar a su alrededor a ver si conseguía algún otro desprevenido con el cual experimentar.

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Re: God's in his heaven... all's right with the world

Mensaje por Syd el Mar 31 Mayo - 21:30

¿Has escuchado alguna vez del hombre de la espada negra? Dicen que se trata de una figura oscura, pero muy hermosa, que vaga de aquí a allá entre las ruinas de nuestra tierra... En una mano lleva la katana, enfundada en una saya tan negra como sus ropas y casi tan negra como su alma, y en la otra casi siempre lleva la cabeza de su última víctima, solo la cambia cuando encuentra una digna. No decimos su verdadero nombre en voz alta, especialmente en la noche, pues él es la noche y la noche es él. Es su madre y su amante, su ama y su esclava, lo acaricia y lo llama para continuar avanzando, para que la tiña del carmesí que la excita y el negro y el rojo puedan hacer el amor acurrucados por la muerte. Y el, es su emisario, puedes llamarlo: Syd.

Aquella tarde comenzaba a morir, el sol había sido herido y el cielo se teñía de purpura mientras el astro rey moría detrás del horizonte. Volvería desde luego, el desgraciado nunca tenía suficiente, siempre tenía que atormentar a la noche e intentar robar lo que por derecho era suyo. El negro comenzaba a invadir y las sombras a tomar su lugar, aún quedaba algo de ese horrible resplandor, pero estaba bien, era bueno poder aplastarlo debajo de su bota.

Detrás de él se dibujaba una escena de pesadilla. Había cuerpos por todos lados, o debería decir más bien restos de cuerpos, miembros expuestos, arrancados, destrozados, bañados en sangre. Sus ropas blancas (dentro de lo que cabía) se teñían del negro de su sangre. Habían sido aquellos supuestos redentores, sacerdotes sin virtud que iban en peregrinación para “salvar las almas pecadoras” de los habitantes de la ciudad subterránea. Se había topado con ellos de pura casualidad y habían intentado “expulsarlo”… ¡expulsarlo! El resultado era obvio, de todo el grupo, el único que había quedado completo es el que yacía crucificado de cabeza.

Syd iba enfadado, su bellísimo rostro estaba manchado con la imagen del odio. Enseñaba los dientes mientras fruncía el ceño y resoplaba. Llevaba a Shikyo apoyada en el hombro mientras la sostenía por la empuñadura con la zurda, y en la diestra un racimo de seis cabezas unidas con un viejo cordel que les pasaba por las cuencas vacías de los ojos. Sus caras tenían frías las imágenes del terror y el odio, con las quijadas colgando y las lenguas de fuera. Goteaban a penas un poco de sangre… si, esta vez no había intentado bebérsela, estaba aburrido de jugar al nosferatu y le fastidiaban demasiado los Iluminati como para intentar ser uno.

-Has sido descuidado -dijo la voz firme y autoritaria del samurái, reprendiéndolo.

-¡Cállate! –Gritó Syd dirigiéndose a la katana y al alma del corrupto guerrero que habitaba en ella.

Soltó el atado de las cabezas, sacó la espada de la funda, la tomó con ambas manos y comenzó a estrellarla contra los restos de piedra y metal de había a su alrededor, una y otra vez, gritando lleno de ira. Cuando finalmente se cansó, cayó de rodillas, respirando agitado, con un fuerte sonido de silbido asmático de su pecho, producto únicamente de la ira.

-Um jum jum jum –sonó la risilla presumida del samurái. La katana no tenía ni un rasguño, brillaba oscura con su filo macabro como si hubiera sido recién sacada del pecho muerto de su amo, cuya alma ahora pertenecía a la espada.

-Idiota –susurró Syd.

Se puso de pie, buscó la saya entre los restos pulverizados que habían quedado de su arranque infantil, y la volvió a enfundar. Miró el atado de cabezas, chasqueó la lengua y las pateó a un lado, ya no quería jugar con ellas.

¿Por qué estaba tan enfadado? En medio de la masacre, de la muerte, del cortar, morder, rasguñar, de los gritos y el salpicar de la sangre, le había pasado por la cabeza una idea: empalarlos. El jamás hacía eso (era aburrido no quitar la vida con sus propias manos), empalar, empalar, empalar… solo había un ser del que habría podido sacar esa idea. ¿No te suena aun?, entonces no has prestado suficiente atención. Estar dentro de él había sido lo más cercano al infierno que bien merecía, ahora era libre, y no quería volver a pensar en él… aunque sabía que tendría que hacerlo pronto.

Para cuando volvió a caminar, la noche ya dominaba el cielo. Respiro profundamente y extendió los brazos mientras su amante, la única que era más siniestra que él, lo acariciaba y lo calmaba y le llenaba los pulmones de su presencia. La sonrisa sin embargo le duró poco. Abrió sus bellísimos ojos bastante al ver frente a él un rostro conocido. Nunca lo había visto en su vida, pero sentía que lo conocía, que lo odiaba y que lo amaba igual que se odiaba y se amaba a sí mismo. Ladeó un poco la cabeza, sus facciones casi femeninas se relajaron mientras arqueaba una ceja para mirar bien a la extraña criatura salía de un edificio de cristales rotos, dejando detrás una escena de lucha entre desconocidos seres que no le importaban.

Avanzó hacia aquél, lentamente. Sus ojos se cruzaron de inmediato, ¿sentiría él lo mismo? Se detuvo al fin, quedando a pocos pasos del extraño y lo observó un momento.

-Ahora sí creo que es el infierno –le dijo-, porque hay más demonios aquí además de mí.
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Syd

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Re: God's in his heaven... all's right with the world

Mensaje por Matilda el Vie 3 Jun - 10:45

Uiiiuiuiuiuiuiuiuiiii!

Hoy era día libre. ¿Libre de qué? Quien sabe... Pero aún tenia esa vieja costumbre de que los domingos se descansaba. Y según su propia cuenta personal, hoy era uno de esos días. ¡El día hasta donde el Señor descansa! Misericordioso como siempre.

¡Y que mejor sitio para descansar que Nottingham! Ahi vendian la más deliciosa carne de rata de la región, seguramente porque las mismas se alimentaban de la carne de los muertos y otras atrocidades. ¡Bueno! Si eso las hacia ricas, que mejor. En Canterbury, aunque también se cocinaban ratas... eran más bien ratones. Y eran pequeños y algo desabridos.

- Según el horóscopo de hoy... ¡Conoceré al hombre / mujer de mis sueños! ¿Existe alguien de ambos sexos? Iuu... Sólo de pensarlo me da escalofrios.

Ojeaba una revista de hace unos 5 años o quizás más. Ya estaba medio rota -la revista, no ella- y además llena de manchas de dudosa procedencia. Y no estaba segura si estaba leyendo "Escorpio", pero era lo único legible. Y de pronto... ¡LA ILUMINACIÓN! ¿Nottingham no sonaba como a Nothing? ¡Era la ciudad de la nada! Oh por dios, debia anotar eso.

¡SCRUSH!

El sonido inconfundible de la sangre estrellandose en un cristal. Sí, había vivido lo suficiente en aquel lugar como para determinar esa clase de sonido. Parpadeó un par de veces mientras dejaba caer la revista, quien hizo un suave sonido. Giró la cabeza... buscando...

Caminó sigilosamente entre los escombros, alejándose de la entrada de Hidden City. Seguramente era algún maniquíe o algo así. ¿Quién había sido la victima ésta vez? Se aseguró que sus botas de tacón no hicieran ruido mientras sorteaba los escombros para acercarse. Su vestido negro hasta las rodillas le ayudaba a esconderse entre las sombras... Así que se quito el pañuelo blanco de su cuello, sólo por precaución.

Unos deditos de uñas largas y pintadas en negro se asomaron entre un letrero derrumbado de McDonalds -De un amarillo veme a mil kilometros de distancia- y un bote de basura. Después le siguió un cabello castaño, sujeto en una coleta que caia larga por la espalda de su dueña. Unos accesorios de dama, como unos listones, palitos chinos y hasta un abanico cerrado sujeto en el cabello. Y al final... Unos ojos castaños casi rojizos... observando a dos personas peculiarmente hermosas hablando en medio de una carniceria.

- Oh Dios...

Susurró por lo bajo. Si alguien la viera del otro lado, estaria en una posición graciosa y comprometedora. Pero se aseguraria de que no la vieran. ¿Qué hacian dos tipos ahi solos en medio de toda esa sangre? Uno traia una cajita feliz... Pero por la distancia no podia observar bien sus rasgos. ¿O uno era una mujer? Rayos...

((Si no es molestia estaré de fisgona. Pueden saltarme y todo, a menos que vayan a interactuar de algún modo con Matilda. Saludos.))
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Matilda

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Re: God's in his heaven... all's right with the world

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